YAGO SCHOOL ORGANIZA POR SEGUNDO AÑO CONSECUTIVO EL VOLUNTARIADO EXPRESS EN SEVILLA

El Colegio internacional bilingüe de Sevilla Yago School, ha organizado un año más el Voluntariado Express, maravillosa iniciativa solidaria con el objetivo de recaudar dinero en un día para abrigar a Personas Sin Hogar.

El Colegio sevillano que celebra este curso su décimo aniversario, presta especial atención a la enseñanza de los valores tradicionales, entre los que destaca la solidaridad.  Además, desde este curso académico ha implantado el prestigioso Programa Diploma de la Organización del Bachillerato Internacional que ofrece a su alumnado una asignatura denominada CAS (Creatividad, Acción y Servicio). En este sentido, alumnos de primero de bachillerato internacional han liderado esta actividad en el Colegio y con ella participan colaborativa y recíprocamente con la comunidad en respuesta a una necesidad real: Abrigar a los Sin Techo de Sevilla.

La experiencia ha resultado de lo más enriquecedora. Entre las 9:00 y las 18:00 se lograron recaudar en España 143.025€ y se pudieron atender a 1.325 personas sin hogar. Pero lo mejor de la actividad ha sido que 50 alumnos, acompañados de algunos padres y profesores disfrutaron de una experiencia única a la que dieron especial relevancia; reflexionaron sobre su propia experiencia; planificaron lo que debían hacer y participaron de manera activa en este proyecto,  comprendiendo que son miembros de comunidades locales y globales y que tienen responsabilidades los unos con los otros y con el entorno.

El Colegio considera que su alumnado puede y debe transformar la sociedad. Yago School mantiene su apuesta inicial por inculcar a sus 750 alumnos la importancia de la acción social y del servicio, y se preocupa constantemente de la concienciación de su alumnado sobre las necesidades de los más desfavorecidos con múltiples programas de voluntariado promovidos también desde nuestra fundación The Yago Foundation.

En esta ocasión, nuestros alumnos dieron un paso al frente, salieron de su zona de confort y se lanzaron de forma valiente en ayuda de los que lo necesitan. Se empaparon de la realidad que hay en la calle, de muchas historias que deben conocer para evitar caer en ellas el día de mañana. Salieron con ilusión y coraje y volvieron siendo mejores niños.

Estamos muy agradecidos a todos los alumnos, profesorado y padres voluntarios por volcarse en este proyecto tan especial, ¡TODOS tenéis un gran corazón!

Para terminar, os dejamos una emotiva carta de un compañero que resume muy bien el sentimiento que compartieron todos. Suerte la nuestra de teneros.

¡QUÉ SUERTE LA MÍA!

Sí querido equipo, ¡qué suerte la mía!
Aún siguen resonando en mí los ecos de la experiencia que vivimos ayer de Voluntariado Exprés. Me vienen a la mente de forma continua imágenes a modo de flashes donde veo rostros de ilusión, ojos que dejan translucir emociones, gestos que van mucho más allá del hecho de dar algo. Aún sigo oyendo vuestras voces, intercambiando impresiones de lo que íbamos viendo, de lo que íbamos sintiendo, de lo que iba rebosando vuestro interior.

¡Qué suerte la mía! Por poder compartir unas horas que no tienen precio. A pesar del frío, de charcos y de kilómetros caminados, supimos pasar del por qué de las cosas al para qué. De descubrir esa otra realidad muchas veces invisible a nuestros ojos y que gracias a experiencias como ésta la tuvimos, esta vez sí, muy presente.

¡Qué suerte la mía! Por vivir junto a un grupo humano que es capaz de hacer un alto en sus vidas (muchas veces ajetreada) para compartir, para dar a manos llenas, para saber ponerse en el lugar del otro que no tiene la misma suerte que yo; y descubrir que tras cada persona con la que nos cruzamos, con la que hablamos, hay una historia significativa y a veces sorprendente.

¡Qué suerte la mía! Por ver cómo, en ocasiones, somos capaces de sacar lo mejor de nosotros, de dar un paso al frente y salir del metro cuadrado tan cómodo en el que solemos movernos; de ayudarnos, de animarnos, de dejar prejuicios y entregarnos. Sí, qué suerte la mía por poder ofrecer un caldo caliente que reconforta el cuerpo y una conversación que alimenta el alma.

¡Qué suerte la mía! Por tener la oportunidad de conocer ése otro yo que tenemos y observar cómo profesores, alumnos y padres volcaron su generosidad, su tiempo y sus ganas en dar, sí, pero también RECIBIR y recibir con mayúsculas. Estas cosas no sólo unen, sino que construyen de verdad a las personas, les va forjando un mástil sólido en sus vidas al que agarrarse cuando lleguen las tormentas y seguro que vendrán.

¡Qué suerte la mía! Porque hoy sin duda, y gracias a vosotros, soy un poco mejor que ayer.

Gracias de verdad: responsables, colaboradores, padres, profesores y especialmente alumnos que nunca dejáis de sorprenderme y de volver a sentir que esto vale la pena.

Mi abrazo más sincero.

Un voluntario.

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