Jóvenes Escritores de Primary

Desde el Departamento de Lengua Española y Literatura hemos impulsado un proyecto llamado “Jóvenes escritores” para que los alumnos de Primary 6 trabajen la expresión escrita. 

Cada semana los alumnos leen los textos en clase y entre todos elegimos un ganador.

Juntos, los alumnos guiados por el profesor de lengua aportan ideas y ayudan a mejorar el estilo del texto ganador y su ortografía. 

Esta semana, en la clase de P6B ha ganado nuestro alumno Ángel Vazquez, con una fantástica fábula.

¡Os animamos a leerla!

El gato y el atún

Un bonito día soleado de primavera, un gato estaba paseando por un  fabuloso y divertido parque cuando se detuvo ante un gran charco de barro líquido para no mojarse, pero de repente le llegó el delicioso aroma de un atún. Miró a la derecha y vio un frondoso olmo con la lujosa lata de sabroso atún que había olido al detenerse para no caer al charco de barro. El gato decidió que la cogería y se la comería. Su problema era que le habían cortado las uñas y no podía trepar por el tronco del árbol hasta arriba del todo donde estaba la jugosa conserva de atún en las ramas más finas y frágiles.

El gato reflexionó las posibles formas de obtener el irresistible atún, se le ocurrieron un montón de ideas, desde usar un trampolín hasta gastar una de sus seis vidas (una la perdió cruzando la calle con el semáforo verde para los coches y rojo para los peatones y ciclistas, con lo cual ya te puedes imaginar como acabó nuestro amigo felino). 

Primero pensó en usar una cama elástica y al llegar a la altura de la rama, dar una voltereta mortal y empujar el envase hacia abajo. Lo intentó, pero al dar la peligrosa acrobacia se cayó al suelo y se rompió la columna vertebral, total que tuvo que ir al hospital durante tres horas.

Después se dijo para él mismo – ya no usaré más acrobacias y menos las que pueden ser mortales y hacerme perder otra vida, probaré con el segundo plan-. Su segundo plan consistía en sacudir el olmo y hacer que la comida se cayese por la gravedad (como la manzana que se cayó en la cabeza de Newton). El gato sacudió, sacudió y sacudió pero la lata no se movió del robusto árbol.

Después de dos horas de descanso por el esfuerzo de tantas sacudidas puso en práctica su último plan, que era súper descabellado y consistía en coger un traje alado, tirarse desde el edificio más alto de la ciudad, planear hasta llegar al árbol y coger la conserva sin hacer que el atún del interior se derramase al suelo desperdiciando todo el contenido del envase. Así que cogió el traje alado, se subió al edificio más alto de la ciudad, lo cual le costó la misma vida y al llegar arriba del todo se tiró, pero el gato no tuvo en cuenta un par de detalles insignificantes: el edificio más alto de la ciudad era el edificio más lejos del olmo del parque y además el viento iba en dirección contraria a la dirección del parque, de forma que el gato se estrelló contra el suelo, muy muy lejos de su objetivo. 

Al final decidió que era imposible coger la lata de atún así que se fue a su casa magullado, triste y desanimado. Al rato llegó un pequeño y astuto ratón que lo había visto todo, subió al árbol con facilidad y se llevó el alimento tan velozmente que fue imposible verle.  Cuando  el ratón llegó a su casa, se zampó el suculento atún y tumbado en el sofá dijo – Si el gato no podía coger la lata, por qué no pidió ayuda a otro animal-.

FIN

Moraleja: Si no puedes hacer algo por ti mismo, pide ayuda a otra persona. 

Ángel Vázquez Rabasco, autor de «El Gato y el Atún».